Federico García Lorca

El poeta y dramaturgo andaluz visitó nuestra ciudad el 13 de diciembre de 1933, en respuesta a la invitación hecha por quien fuera en ese momento Presidente de la Universidad Nacional de La Plata, el Dr. Ricardo Levene?

El 13 de octubre de 1933 llegaba a Buenos Aires vía Barcelona, a bordo del barco “Conte Grande”, el poeta andaluz Federico García Lorca. Según uno de sus más destacados biógrafos, Ian Gibson, aquí fue feliz y conoció por primera vez el éxito y el reconocimiento unánime de la crítica y del público.
El director de la Cátedra Libre de Cultura Andaluza de la Universidad nacional de La Plata, Prof. Guillermo Eduardo Pilía, escribió sobre el paso de Lorca por nuestra ciudad: 

"Si la visita de Lorca a la Argentina fue sobre todo visita a Buenos Aires, la que hizo a mi ciudad, a La Plata, fue, fundamentalmente, una visita a la Universidad Nacional de La Plata. No concretó ningún viaje a Mendoza, Tucumán ni Santiago del Estero, y también declinó la invitación de la Universidad de Córdoba. En cambio aceptó la del doctor Ricardo Levene, nuestro prestigioso historiador, que en ese entonces era presidente de la Universidad. El día señalado fue el 13 de diciembre de 1933, a dos meses exactos de su arribo a Buenos Aires. La escritora María Imelda Micucci reseñó esta excursión en un artículo de “La Plata, ciudad milagro”, basándose en los archivos del diario “El Día”. También en el Boletín de la Universidad puede leerse que recorrió las instalaciones, el Museo de Ciencias Naturales y la colonia de vacaciones. Una de las niñas presentes sería con los años la escritora Hilda Prieto Díaz. En la Colonia de Vacaciones de la Escuela Anexa se sirvió el almuerzo y los niños dramatizaron algunas escenas de “Pinocho” que conmovieron al poeta granadino.

En su libro “Lorca, un andaluz en Buenos Aires. 1933-1934”, Pablo Medina recogió el testimonio oral del doctor Alberto Delmar, futuro neurólogo acreditadísimo, que había nacido en Ensenada en 1924, y que para entonces, con nueve años recién cumplidos, cursaba en la Escuela Anexa. Contaba el doctor Delmar que con varios días de antelación comenzaron los preparativos para el agasajo a García Lorca, y que los ensayos fueron en un clima de temor, porque el ilustre visitante se les presentaba como un hombre muy formal que iba a juzgar severamente la representación. El resultado fue, lógicamente, el contrario: García Lorca rió a carcajadas, aplaudió hasta desollarse las manos y abrazó y besó a los niños que habían representado “El país de los juguetes”. La adaptación de la obra de Collodi la realizó la profesora de teatro y declamación Agustina Fonrouge Miranda. Después de la función teatral y a pedido del doctor Ricardo Levene, García Lorca expuso ante los profesores y estudiantes sus ideas y experiencias acerca del teatro en la universidad, sobre la base del trabajo realizado en “La Barraca”, el teatro universitario español que él mismo había fundado y del que participaron importantes figuras de la intelectualidad de su tiempo, como soporte cultural de la República. Además del doctor Levene, recibieron a García Lorca en su fugaz pero perdurable visita el secretario de la Universidad, Antonio Amaral, el decano de la Facultad de Humanidades, profesor José Rezzano, el director de la Escuela “Joaquín V. González”, Vicente Rascio, además de otros invitados, como el dramaturgo español Gregorio Martínez Sierra y la joven titiritera María Luisa Madueño".

El célebre español dejó la Argentina el 27 de marzo de 1934. “Me voy con gran tristeza, tanta, que ya tengo ganas de volver”. “Buenos Aires es una ciudad maravillosa. Es como me gustaría que fuera España: cosmopolita, llena de amigos, desprejuiciada, tumultuosa, desbordante de vida y de cultura...”. Pero no se quedó. De haberlo hecho, no hubiera sufrido el destino que ya venía presagiando en sus poemas. Dos años después, Francisco Franco, al grito de “Viva la muerte”, se sublevó el 17 de julio contra aquella República a la que Federico apoyaba con toda su alma y su poesía, llevando el teatro a los pueblos y la cultura a una España rural casi analfabeta. Un mes después fue detenido por los falangistas y fusilado junto a un maestro y dos toreros anarquistas en Víznar, en su propia Granada.