Alberto Cortez

Fue  conocido como “el cantor de las cosas simples”? Cantante y autor con casi 60 años de carrera profesional, visitó nuestra ciudad en varias ocasiones trayendo su voz y sus inolvidables temas al Teatro Municipal Coliseo Podestá y al Teatro Argentino.

Cortez dejó un legado de más de 40 discos, con canciones que se convirtieron en la columna vertebral de su repertorio, y que lo acompañarían durante toda su vida: Callejero, Mi árbol y yo, A partir de mañana, Te llegará una rosa, En un rincón del alma, Castillos en el aire y la emblemática Cuando un amigo se va, son sólo algunos de esos temas.  

Grabó con casi todos los grandes de su tiempo, como Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Raphael, Pablo Milanés, Estela Rabal y Facundo Cabral, entre otros. Con Cabral constituyeron un dúo, estrenando en 1994 el recordado espectáculo “Lo Cortez no quita lo Cabral” con el que recorrieron España y Latinoamérica durante cuatro años, y que repitieron en el disco Cortezías y Cabralidades.

A lo largo de su carrera musicalizó poemas del siglo de oro español -Quevedo, Góngora y Lope de Vega-, además de obras de Antonio Machado y Miguel Hernández, e interpretó temas de Atahualpa Yupanqui y Jaime Dávalos, y  piezas como Melodía de arrabal, Mi Buenos Aires querido, Volver y El día que me quieras, de Carlos Gardel.

Versátil en la música que acompañó sus maravillosos poemas y su inigualable voz, Alberto Cortez dejó “un espacio vacío” en el mundo de la canción.

Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Cuando un amigo se va,
queda un tizón encendido
que no se puede apagar
ni con las aguas de un río.

Cuando un amigo se va,
una estrella se ha perdido,
la que ilumina el lugar
donde hay un niño dormido.

Cuando un amigo se va
se detienen los caminos
y se empieza a rebelar,
el duende manso del vino.

Cuando un amigo se va
galopando su destino,
empieza el alma a vibrar
porque se llena de frío.

Cuando un amigo se va,
queda un terreno baldío
que quiere el tiempo llenar
con las piedras del hastío.

Cuando un amigo se va,
se queda un árbol caído
que ya no vuelve a brotar
porque el viento lo ha vencido.

Cuando un amigo se va,
queda un espacio vacío,
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo.

Alberto Cortéz falleció en España el 4 de abril de 2019 a los 79 años de edad.